

Los bebés son especialmente vulnerables al calor
Estamos sufriendo las primeras olas de calor de este verano y todo parece indicar que será un verano bien caliente.
Las vacaciones son una época de descanso, de desconectar de nuestro trabajo y, si se puede, de disfrute de nuestras maravillosas playas o del reencuentro con nuestros familiares en los pueblos de origen.
Sin embargo, hay una realidad, a veces oculta, con relación a la pobreza energética y a las familias en situación de vulnerabilidad social, de miles y miles de familias que no pueden disfrutar, no ya por supuesto de unas vacaciones, sino de las mínimas condiciones para poder hacer frente a esta ola de calor que estamos padeciendo.
Según un estudio de la Cátedra de Energía y Pobreza de la universidad Pontificia de Comillas, de julio de 2024, existen en España 2,6 millones de hogares en situación de pobreza energética.
Las familias que están bajo el umbral de la pobreza energética sufren tremendamente los efectos del calor. En primer lugar, hay que tener en cuenta que muchas de esas familias ya de por sí viven en una habitación en condiciones muy precarias. A esa situación, se le añade ahora, con el calor, que los miembros de esas familias no tienen los medios para refrigerarse, pues sencillamente no tienen ni siquiera la posibilidad de comprar un simple ventilador.
En el mejor de los casos, las familias que tengan los medios para alquilar un pequeño piso y que quizá cuente con aire acondicionado, probablemente no podrán encenderlo, pues no dispone de los medios económicos para pagar la factura, máxime en esta época en que curiosamente la luz se ha disparado.
Los efectos de estas subidas de temperatura, sobre todo en las familias que tienen bebés o niños pequeños, son tremendas. Para comenzar, si la habitación o la casa no está bien ventilada, las infecciones son más fáciles de contagiar. Después, los bebés son especialmente vulnerables al calor. Son más propensos a deshidratarse que los adultos, ya que pierden más líquidos por la piel y tienen menor capacidad de almacenamiento.
Por otro lado, con el calor sofocante, los bebés necesitan cambiar de pañal con más frecuencia, con el peligro de que la piel se les irrite más fácilmente e, incluso, puedan coger infecciones. La falta de aire fresco hace que tanto pequeños como mayores no puedan descansar durante la noche, aumentando, por lo tanto, su irritabilidad durante el día.
En resumen, la pobreza energética es un problema que afecta a una parte importante de la población española y que no podemos mirar para otro lado. Las soluciones son complejas y, por supuesto, no son a corto plazo.
Corresponde, pues, en primer lugar, al gobierno y a los políticos en general presentar un plan general de medidas de lucha contra la pobreza energética que no se basen solo en ayudas gubernamentales, pues esa política es pan para hoy y hambre para mañana.
La ciudadanía, en general, y las ONGs, en particular, de forma subsidiaria, podemos ayudar a esas familias a aliviar sus necesidades durante el verano, pero nunca tendremos ni los medios ni la responsabilidad directa de solucionar un problema que está muy por encima de nuestras posibilidades reales.